domingo, 20 de agosto de 2017

SAN BERNARDO DE CLARAVAL, el Doctor Melifluo

   
     "...en este humilde monje, casi sin ningún medio humano, fue capaz de sacar la fuerza para ganar los problemas más difíciles y resolver las preguntas más embarazosas..."

     "En medio de tantos favores y estima que disfrutaba con los papas, con los príncipes y con los pueblos, no se envanece, no ir en busca de lo cambiante y gloria humana vano, sino que brillaba en él que la humildad cristiana que "recoge las otras virtudes."

     "En este amor inflamado por Jesucristo se le unió una devoción tierna y dulce para Su Gloriosa Madre, que, al igual que su madre amantísima, correspondió alimentando un profundo amor por Su culto. Tenía tanta confianza en Su poderoso patrocinio, que lo vemos utilizar estas expresiones: "Dios no otorga nada, que no pase por las manos de María.". De la misma manera: "Tal es la voluntad de Él, nos quería tener del todo a través de María." 

(Papa Pío XII, Carta Encíclica "Doctor Mellifluus",
 24 de Mayo de 1953)



     San Bernardo nace aproximadamente entre 1190 y 1191 en las afueras de Dijon, en Borgoña. Hijo de un caballero que formaba parte del círculo del Duque de Borgoña, Bernardo nació perteneciendo al estamento nobiliario, al igual que su progenitor, aunque no a sus rangos más altos.

     Era el tercer hijo de los siete que tuvo el matrimonio. Ambos padres, aunque se cuenta que especialmente su madre, pronto advirtieron las extraordinarias cualidades intelectuales de su hijo y, por ese motivo, decidieron eximirlo de continuar la tradición familiar del oficio de las armas y hacer que se encaminara hacia una vida de estudio. Por ello, ingresó en la escuela de canónigos regulares de Châtillon-sur-Seine.

     En el año 1112 ó 1113 ingresaría formalmente en la Orden del Císter.

     Tan sólo dos años después de su ingreso en la Orden, en 1115, se fundan dos monasterios bajo los auspicios del Císter. Su fuerte personalidad llevó al abad Esteban a encargarle la fundación del Monasterio de Claraval (Clairvaux). 

     A partir del año 1119, el Císter inicia su expansión por Francia y otras áreas del continente europeo. A lo largo de su vida veremos como Bernardo combina armónicamente su faceta mística y la participación en la vida pública de la Iglesia, pues, pese a su deseo de llevar una vida de retiro espiritual, constantemente será reclamado como mediador, y su consejo se tornará imprescindible gracias a su sólida y esmerada formación teológica. Murió en su abadía el 20 de agosto de 1153 y fue canonizado en 1174 por el Papa Alejandro III y proclamado Doctor de la Iglesia por Pío VIII en 1830.


MEMORÁRE

la oración por excelencia de San Bernardo a Nuestra Señora,
también conocida como "EL ACORDAOS",
está indulgenciada con 3 años cada vez que se recite,
pudiendo ser Plenaria al mes, recitándola a diario.












sábado, 19 de agosto de 2017

EL APÓSTOL DE LA DEVOCIÓN A LOS SAGRADOS CORAZONES



     Este santo compuso una frase que se ha hecho famosa entre los creyentes. Dice así: "Para ofrecer bien una Eucaristía se necesitarían tres eternidades: una para prepararla, otra para celebrarla y una tercera para dar gracias".

     Nació en un pueblecito de Francia, llamado Ri (en Normandía) en el año 1601. Ya desde pequeño demostraba gran piedad, y un día cuando un compañero de la escuela lo golpeó en una mejilla, él para cumplir el consejo del evangelio, le presentó la otra mejilla.
Estudió en un famoso seminario de París, llamado El Oratorio, dirigido por un gran personaje de su tiempo, el Cardenal Berulle, que lo estimaba muchísimo.

     Al descubrir en Juan Eudes una impresionante capacidad para predicar misiones populares, el Cardenal Berulle lo dedicó apenas ordenado sacerdote, a predicar por los pueblos y ciudades. Predicó 111 misiones, con notabilísimo éxito. Un escritor muy popular de su tiempo, Monseñor Camus, afirmaba: "Yo he oído a los mejores predicadores de Italia y Francia y puedo asegurar que ninguno de ellos conmueve tanto a las multitudes, como este buen padre Juan Eudes".

     San Juan Eudes se dio cuenta de que para poder enfervorizar al pueblo y llevarlo a la santidad era necesario proveerlo de muy buenos y santos sacerdotes y que para formarlos se necesitaban seminarios donde los jóvenes recibieran muy esmerada preparación. Por eso se propuso fundar seminarios en los cuales los futuros sacerdotes fueran esmeradamente preparados para su sagrado ministerio. En Francia, su patria, fundó cinco seminarios que contribuyeron enormemente al resurgimiento religioso de la nación.


Escudo de la Congregación de San Juan Eudes


     Con los mejores sacerdotes que lo acompañaban en su apostolado fundó la Congregación de Jesús y María, o Padres Eudistas, comunidad religiosa que ha hecho inmenso bien en el mundo y se dedica a dirigir seminarios y a la predicación.

     El santo fundó la Comunidad de las Hermanas de Nuestra Señora del Refugio para encargarse de las jóvenes en peligro. De esta asociación saldrá mucho después la Comunidad de religiosas del Buen Pastor que tienen ahora en el mundo 585 casas con 7,700 religiosas, dedicadas a atender a las jóvenes en peligro y rehabilitar a las que ya han caído.

     San Juan Eudes propagó por todo su país dos nuevas devociones que llegaron a ser sumamente populares: La devoción al Corazón de Jesús y la devoción al Corazón de María. Y escribió un hermoso libro titulado: "El Admirable Corazón de la Madre de Dios", para explicar el amor que Nuestra Señora ha tenido por Dios y por nosotros. Compuso también un oficio litúrgico en honor del corazón de María, y en sus congregaciones celebraba cada año la fiesta del Inmaculado Corazón.

     Quizás por todo eso el Papa San Pío X llamaba a San Juan Eudes: "El Apóstol de la Devoción a los Sagrados Corazones".

     Redactó también dos libros que han hecho mucho bien a los sacerdotes: "El buen Confesor", y "El predicador apostólico".

     Murió el 19 de agosto de 1680. Su gran deseo era que de su vida y de su comportamiento se pudiera repetir siempre lo que decía Jesús: "Mi Padre celestial me ama, porque yo hago siempre lo que a Él le agrada".



viernes, 18 de agosto de 2017

SANTO VIACRUCIS, "JESÚS CAE POR PRIMERA VEZ", por el Doctor Plinio Corrêa de Oliveira


    Siguiendo el esquema de piedad de LA SEMANA DEL BUEN CRISTIANO, dedicamos este día viernes al Sacratísimo Corazón de Jesús y a meditar en reparación al Mismo Corazón, los sufrimientos que padeció Nuestro Señor en Su Dolorosa Pasión.

     Un sencillo método, para aquellos que se inician en esta necesaria devoción o para aquellos que carecen de mucho tiempo, es centrarnos en una de las Estaciones del Santo Viacrucis, si bien siempre será lo ideal rezarlo completo, para poder lucrar las indulgencias que lleva concedidas.





     ¿Entonces Señor? ¿No podías abandonar vuestra Cruz? Pues si la cargasteis hasta que todas vuestras fuerzas se agotasen, hasta que por el peso insoportable del madero cayeses en el suelo, ¿no estaba totalmente probado que os era imposible continuar? Habíais cumplido vuestro deber. Que los ángeles del Cielo llevasen ahora por Vos la Cruz. Vos habíais sufrido en toda la medida de lo posible. ¿Podíais dar más?

     Sin embargo, obrasteis de otro modo, y disteis a mi cobardía una alta lección. Agotadas vuestras fuerzas, no renunciasteis al peso, sino que todavía pedisteis más fuerzas, para cargar de nuevo la Cruz. Y las obtuvisteis.

      Hoy en día es difícil la vida del cristiano. Obligado a luchar sin tregua contra sí mismo, para mantenerse en la línea de los Mandamientos, parece una excepción extravagante en un mundo que alardea, en la lujuria y en la opulencia, la alegría de vivir. Señor, nos pesa en los hombros la cruz de la fidelidad a vuestra Ley. Y a menudo el aliento parece que nos falta.

      En estos instantes de prueba, sofisma: “Ya hicimos todo lo que nosotros podíamos. Pues al fin y al cabo son muy limitadas las fuerzas del hombre. Dios lo tendrá en cuenta… Dejemos caer la cruz a la vera del camino y hundámonos suavemente en la vida del placer”. ¡Ah, cuántas cruces abandonadas a la vera de nuestros caminos, quizás a la vera de mis caminos!

      Dadme, Jesús, la gracia de quedarme abrazado a mi cruz, aun cuando yo desfallezca bajo el peso de misma. Dadme la gracia de levantarme siempre que haya desfallecido. Dadme, Señor, la gracia suprema de nunca salir del camino por donde debo llegar a lo alto de mi propio calvario.



Pater Noster. Ave Maria. Gloria Patri.
Padre Nuestro, Ave María, Gloria.
V. Miserére nostri Dómine.
V. Ten piedad de nosotros, Señor
R. Miserére nostri.
R. Señor, ten piedad de nosotros
V. Fidélium ánimae per misericordiam Dei requiéscant in pace.
V. Que las almas de los fieles difuntos por la misericordia de Dios descansen en paz
R. Amen.
R. Amén


Plinio Corrêa de Oliveira
Vía Crucis
"Catolicismo" Nº 3, Marzo de 1951



jueves, 17 de agosto de 2017

CARMELITAS DE LA ANTIGUA OBSERVANCIA, MÁRTIRES DE CARABANCHEL Y EL PADRE ALBERTO MARÍA MARCO


Eran las cinco de la mañana del lunes, 27 de Julio de 1936. Una pareja de guardias denominados de Asalto llaman al Convento de El Carmen de Onda (Castellón) comunicando la orden de un inmediato desalojo. Gran parte de la Comunidad estaba compuesta de estudiantes carmelitas, profesos simples los más, y de novicios; treinta en total. De dos en dos fueron conducidos al centro de Onda, en cuya Residencia se congregaron para rezar y cantar la Salve. Era un canto de despedida. Algunos no se volverían a ver nunca más.
Al partir desde Onda hacia Villarreal, de ambas comunidades ya solo eran 21; debían tomar el tren para Valencia y, desde allí, cada cual a su destino. Al llegar a la antigua ciudad de los Infantes el subprior P. Anastasio Ballester (1893-1936) fue detenido. Más tarde sería asesinado en el cementerio de Cuevas de Vinromá (Castellón).





Quedaban veinte de aquella expedición. Al llegar el tren al Cabañal todos son reconocidos como frailes y se les hace bajar, a todos menos al corista Fray Tomás González y al Hno. Fray Pedro Tomás Iglesias quienes siguieron camino hacia Madrid. Los dieciocho restantes, con el Provincial P. Sarría Colomer al frente, son conducidos a Valencia.
El P. Rafael Sarría y el Hno. Florencio Marquínez salieron para Algemesí; el primero sería asesinado en su ciudad natal y del Hno. Florencio jamás se supo nada. Lo mismo habría de acontecer respecto al Hno. Angelo Martín, perdido en la misma estación del Norte.
De los restantes: a nueve se los llevaron desde la estación a un cercano convento; eran todos casi niños. El destino era Madrid. Una vez en el tren, fueron hallados otros tres muchachos: los hermanos Fray Daniel García y Fray Aurelio García con Fray Adalberto Vicente; al P. Evangelista Muñoz Tornero (1906-1936) le vieron bajar en la estación de Albacete; sería asesinado en Almusafes (Valencia).
Los nombres de los ocho jóvenes religiosos que siguieron viaje hacia Castilla, aparte de los otros cuatro ya señalados, eran los siguientes: Fr. Alberto García, Fr. Francisco Pérez, Fr. Silvano Villanueva, Fr. Ángel Sánchez, Fr. Angelo Reguilón, Fr. Bartolomé Fanti Andrés, Fr. Ricardo Román y el Hno. Fr. Franco Arranz. Y Fr. Isidoro Garrido que se salvó por distracción del vigilante que lo perdió en el camino.
Amanecía el día 28 de Julio cuando ya se avistaba Madrid. Arribados que fueron a la estación de Atocha, no había manera de salir para Segovia, ni por la estación del Norte ni por autobús; era la del Guadarrama una zona de duros combates entre los dos frentes enemigos.
“-¿Qué hacemos con ellos?”, se dijeron los milicianos.
Se les acomodó en un asilo de ancianos del Paseo de las Delicias donde se sintieron seguros: se habían repartido escapularios y se los habían puesto. Allí permanecieron nuestros refugiados hasta el 14 de agosto. Tres días más tarde, a las doce de la noche, un grupo de milicianos irrumpe de improviso en la sala donde dormían y se les ordena se vistan de inmediato y dejen todo equipaje en su sitio.





 Fueron subidos a un camión y llevados al cementerio de Carabanchel Bajo. Allí les bajaron del camión y les fusilaron ante las tapias del camposanto. Sus cadáveres fueron dejados en ese lugar durante todo el día, desnudos. Más tarde los enterraron en dos tumbas separadas en el cementerio de Carabanchel, donde una vez terminada la guerra, en julio de 1939, se colocaron sendas lápidas con sus nombres.
Cuando agonizaban aquellos muchachos, encharcados en su propia sangre, aparecían las primeras luces de aquel tenebroso 18 de Agosto de 1936. El más joven del grupo martirial apenas tenía 18 años, el mayor, 22.

El 5 de Junio de 1950 sus restos fueron exhumados y trasladados al santuario carmelita de Nuestra Señora del Henar, en Cuéllar, Segovia, siendo depositados en su cementerio. A día de hoy una lápida en este santuario indica los nombres de estos Mártires sobre el sepulcro donde fueron depositados finalmente sus restos.
En cuanto al P. Alberto María Marco Alemán (Francisco), el que aparece al frente de grupo de jóvenes carmelitas, sabemos que era natural de Caudete (Albacete) donde nació en 1894 y ejercía como prior del convento de la calle Ayala en Madrid cuando lo sorprendió la guerra.

El 20 de julio de 1936 fue clausurado el convento y el P. Alberto fue conducido a la llamada Checa de Fomento. El 3 de septiembre, tras indecibles traslados e interrogatorios, ingresó en la prisión. El 28 de noviembre de 1936, con treinta compañeros, más fue conducido a Paracuellos del Jarama (Madrid), donde fue fusilado.




miércoles, 16 de agosto de 2017

DEVOCIONARIO CATÓLICO: OFRECIMIENTO DIARIO DE OBRAS

     A modo de devocionario virtual, iremos publicando (D.m.) las oraciones básicas que tod buen católico debe aprender y rezar con frecuencia. Algunas de ellas, están extraídas del libro "CAMINO RECTO Y SEGURO" del gran Apóstol San Antonio María Claret.

     El OFRECIMIENTO DE OBRAS que proponemos recitar a diario, incluye los actos de fe, esperanza y caridad que debemos elevar cada día a Nuestro Señor. También rezamos un breve acto de piedad junto con la intención de ofrecer por las Almas del Purgatorio cuantas indulgencias ganemos.

     Muy recomendable su rezo a diario así como su difusión, para lo cual nos podemos valer de la imagen que lleva la oración impresa. 




     Dios y Señor mío, en quien creo y espero, a quien adoro y amo con todo mi corazón: os doy gracias por haberme creado, redimido, hecho cristiano y conservado en esta noche.

     Os ofrezco y consagro a Vuestra Honra y Gloria todos mis pensamientos, palabras, obras y trabajos de este día, con intención de ganar todas las indulgencias concedidas, las que aplico en sufragio de las Ánimas Benditas del Purgatorio, especialmente de aquéllas que sean más del agrado de María Santísima y de mi particular obligación. 

     Humildemente os pido perdón de mis pecados, y me pesa, de lo íntimo de mi corazón el haberos ofendido. 

     Y por los méritos infinitos del Sacratísimo Corazón de Jesús y del Inmaculado Corazón de María, os pido gracia para no volver a ofenderos de nuevo.



(Del Devocionario de San Antonio María Claret,
 "CAMINO RECTO Y SEGURO PARA LLEGAR AL CIELO")







martes, 15 de agosto de 2017

LA GLORIOSA ASUNCIÓN DE NUESTRA SEÑORA, REINA UNIVERSAL DEL CIELO Y LA TIERRA


     “Cuando entran los monarcas a tomar posesión de su reino, no pasan por las puertas de la ciudad, sino que, o se quitan del todo las puertas, o pasan por encima de ellas. Por eso, así como los Ángeles, cuando entró Jesucristo decían (S.23,7): Abrid príncipes, vuestras puertas, y levantaos, puertas eternas, para que entre el Rey de la gloria; así, ahora que María va a tomar posesión del Reino de los Cielos, los Ángeles que la acompañan claman a los que están adentro: Abrid, príncipes, vuestras puertas, y levantaos, puertas eternas, y entrará la Reina de la Gloria.

     Ved que ya entra María en la patria bienaventurada. Mas al entrar y verla tan hermosa y gloriosa, los espíritus celestiales preguntan a los que vienen de fuera, como contempla Orígenes (Cant.8,5): “¿Quién es esta criatura tan bella, que viene del desierto de la tierra, lugar de espinas y abrojos, mas Ella viene tan pura y tan rica de virtudes, apoyada en su amado Señor, que se digna acompañarla Él mismo con tanto honor?” “Quién es?”. Y los Ángeles que la acompañan responden: "Esta es la Madre de nuestro Rey, es nuestra Reina, es la bendita entre las mujeres, la llena de gracia, la santa de los santos, la predilecta de Dios, la inmaculada, la paloma, la más bella de todas las criaturas.” 


     Entonces, todos aquellos espíritus bienaventurados, comenzaron a bendecirla y alabarla, cantando, mejor que los hebreos a Judit (15,10): “Tú eres la gloria de Jerusalén, Tú la alegría de Israel, Tú el honor de nuestro pueblo, Señora y Reina nuestra, Vos sois la gloria del cielo, la alegría de nuestra patria, el honor de todos nosotros. Sed por siempre bienvenida, sed por siempre bendita. Éste es vuestro reino, y todos nosotros somos vasallos vuestros prontos a cumplir vuestras órdenes”.




La Asunción de Nuestra Señora, Cantillana, Sevilla, ESPAÑA


     Luego se acercaron a darle la bienvenida y saludarla como a su Reina todos los Santos que hasta entonces estaban en el cielo. Llegaron todas las santas vírgenes y dijeron: “Santísima Señora,…Vos sois nuestra Reina porque fuisteis la primera en consagrar a Dios vuestra virginidad; todas nosotras te bendecimos y damos gracias.” Llegaron también los Mártires a saludarla como a su Reina, porque con su gran constancia en los dolores de la Pasión de su Hijo, les había enseñado e impetrado con sus méritos la fortaleza para dar la vida por la fe. Llegó Santiago el Mayor, el único de los Apóstoles que hasta entonces había subido al Cielo, y en nombre de todos los Apóstoles le dio gracias por todo el consuelo y la asistencia que les había prestado durante su permanencia en la tierra. Llegaron luego a saludarla los Profetas, y le decían: “Vos, Señora, sois la que vislumbramos en nuestras profecías.” Llegaron los santos Patriarcas y le decían: “Vos, María, fuisteis nuestra esperanza, y por tantos siglos tan suspirada.” Y entre éstos llegaron con mayor afecto a darle gracias nuestros primeros padres Adán y Eva, y le decían: “Hija predilecta, Tú has reparado el daño que nosotros hicimos al género humano. Tú devolviste al mundo la bendición perdida por nuestra culpa, por Ti somos salvos; ¡Seas por siempre Bendita!

     Llegó después a besarle los pies San Simeón, y le recordó con júbilo el día en que recibió de sus manos a Jesús niño. Llegaron San Zacarías y Santa Isabel, y de nuevo le dieron gracias por aquella amorosa visita que con tanta humildad y caridad les hizo en si casa, y por la cual recibieron tantos tesoros de gracias. Con mayor afecto llegó San Juan Bautista, a darle las gracias por haberlo santificado por medio de su voz. Y ¿Qué le dirían cuando llegaron a saludarla sus queridos padres San Joaquín y Santa Ana? ¡Oh Dios! Con cuánta ternura la debieron bendecir diciendo: “Hija amada ¿y qué dicha la nuestra la de tener una hija como Tú! Ahora eres nuestra Reina, porque eres la Madre de nuestro Dios; por tal te saludamos y te veneramos.”

     Más, ¿Quién puede comprender el afecto con que llegó a saludarla su querido esposo San José? ¿Quién podrá explicar la alegría que sintió el Santo Patriarca al ver a su esposa entrar en el cielo con tanto triunfo y ser proclamada Reina de todos los cielos?¡Con cuanta ternura le debió decir!: “Señora y esposa mía, ¿Cuándo podré yo agradecer lo que debo a nuestro Dios por haberme hecho esposo vuestro, que sois su verdadera Madre? Por Vos merecí en la tierra asistir en su infancia al Verbo encarnado, tenerle tantas veces en mis brazos y recibir de Él tantas gracias especiales. ¡Benditos sean los momentos que empleé en la vida en servir a Jesús y a Vos, mi Santa Esposa!

     Por fin, todos los Ángeles llegaron a saludarla, y Ella, la Gran Reina, a todos dio las gracias por la asistencia que le habían prestado en la tierra; singularmente a San Gabriel Arcángel, feliz embajador de todas sus dichas, cuando bajó a darle la nueva de que era elegida para Madre de Dios.

     Luego, arrodillada la humilde y Santa Virgen, adoró a la divina Majestad, y toda abismada en el conocimiento de su nada, dio gracias por todos los dones que su bondad le había concedido, y especialmente, por haberla hecho Madre del Verbo Eterno. No hay quien pueda comprender con cuánto amor la bendijo la Santísima Trinidad; qué acogida hizo el Padre a su Hija, el Hijo a su Madre, el Espíritu Santo a su Esposa. El Padre la coronó, comunicándole su poder, el Hijo la Sabiduría; el Espíritu Santo el Amor. Y todas las tres Personas, colocando su trono a la diestra de Jesús, la proclamaron Reina Universal del Cielo y de la Tierra, y mandaron a los Ángeles y a todas las criaturas que la reconocieran como su Reina, y como a tal la obedecieran y sirvieran.”




EL TRIUNFO GLORIOSO DE MARÍA SANTÍSIMA

 San Alfonso María de Ligorio



lunes, 14 de agosto de 2017

CON DIOS A SOLAS ( XXII ) por el Padre Valentín de San José, Carmelita Descalzo

     Cumplan estas MEDITACIONES-LECTURAS el fin que me he propuesto, o sólo resulten un poco de ceniza fría en lugar de brasa encendida, te las presento con el deseo de que Dios, por medio de ellas, te ayude y esfuerce a vivir santamente en tu retiro la vida espiritual, la vida verdaderamente santa y que más alegrías y dulzuras hace gustar aun en este mundo.


(Padre Valentín de San José, en el prólogo de "Con Dios a solas")



"...lo pospondré todo y lo perderé todo, 
hasta la vida y la estimación, por no perder a Dios..."

     La oración no es una fría reflexión o meditación; la oración es ejercitar el amor; es mirar a Dios con amor y ofreciéndose en amor; es recibir la mirada de los ojos de Dios con todos sus efectos sobrenaturales, mirada divina que siempre esclarece y hermosea el alma y, a veces, pone dulzura inexplicable y siempre comunica la fuerza y energía para obrar la virtud. Dios, con Su mirada, pone suma complacencia en el alma. Dios mío, mírame con Tu mirada de Amor.

     Amar es vivir mirando, pensando o trabajando lo que se ama, en lo que se ama y para lo que se ama; es olvidarse de sí mismo y entregarse al Amado ofreciéndole el alma y todo el ser. Es negarse o esconderse a sí mismo para vivir en el Amado.

     La propiedad esencial del amor es darse. Si amo a Dios, me daré a Dios; daré todos mis afectos y mis obras a Dios; lo pospondré todo y lo perderé todo, hasta la vida y la estimación, por no perder a Dios. Amar es vivir para Dios.

     Para entrar a vivir la verdad del amor de Dios es necesario e imprescindible darse, entregarse. No ser de uno mismo, sino de Dios, no para anularse, sino para ser sobrenaturalizados; en la entrega no se pierde la personalidad, sino que Dios la sobrenaturaliza y perfecciona.




domingo, 13 de agosto de 2017

TIERNA Y AMOROSA SEÑORA DEL OLVIDO, TRIUNFO Y MISERICORDIAS

Fiel relato de la Gloriosa Aparición de Nuestra Señora 
a Su Sierva Sor Patrocinio, de la Orden de la Inmaculada Concepción,
 que tuvo lugar en Madrid, el 13 de Agosto de 1831



          Clamaba mucho en esta ocasión por las necesidades que tanto afligen a la Santa Iglesia y el Dulce Amor se me manifestó severo, airado y como dando muestras de que quería castigarnos. Le dije: Esposo mío, ¿para cuándo son vuestras misericordias? Me dijo: Pide, Esposa mía, que cuanto pidas seré liberal para concedértelo. Pedía sin límites; entonces, mi Dulce Amor me manifestó el lastimoso estado en que se hallaba la Santa Iglesia. 

          Moría de dolor y mis angustias crecían sobremanera. Me dijo mi Dulce Esposo: Paloma mía, mi amor no puede verte afligida; aquí tienes a mi Madre, que siempre será tu guía, consuelo y amparoSe manifestó de nuevo la Benditísima Virgen con esta preciosísima, portentísima (sic) e invictísima Imagen en sus soberanas manos. Me dijo la Soberana y Divina Señora: Hija mía ¿por qué se contrista tu corazón, si todas las misericordias y tesoros de mi Hijo voy a poner en tus manos, por medio de esta mi soberana Imagen, para que las distribuyas en mi nombre a los mortales, segura de que las que hicieses por amor a tus hermanos, esas mismas confirmamos mi Hijo y yo, que soy tu madre, en el Cielo? 

          Díjela: Señora y Reina mía, ¿no veis la España; no veis los males que nos afligen? 
-Hija mía, los veo; pero no puede mi amor ser más benéfico para con los hombres. Ellos se olvidan de mí y retiran las misericordias; y por esto, a esta imagen le darás el título misterioso del Olvido; para darles a entender, que me han olvidado; pero yo que soy vuestra tierna y amorosa madre, quiero poner a vista de todos los mortales en esta Imagen mía, que jamás mis misericordias se apartan de ellos.



          Miraba yo con gran ternura a tan divino simulacro; cuando vi que mi invictísima Reina cogió un pañuelo de manos del Príncipe San Miguel, y aplicándole a la soberana Llaga del costado de nuestro amante Jesús, lo empapó la Divina Señora en sangre de aquel divino y deífico Corazón; y después, aquel pañuelo, así empapado, le puso sobre esta encantadora Imagen, y después vi que la soberana Reina rociaba a este pueblo con la sangre preciosísima. 

         Díjome  luego: ¿Hija mía, ¿me amas? Hasta tres veces. Díjela: Señora mía, Vos sabéis que os amo y deseo ser toda vuestra. -Pues a tu solicitud y cuidado dejo el culto y veneración de esta sagrada imagen mía con el título de Olvido, Triunfo y Misericordias. Ella será la  consoladora del mundo y todo afligido encontrará en mí por la mediación de esta mi imagen, el consuelo. Al alma que rendida a sus pies me pidiese alguna cosa, jamás se la negará mi amor. Será el consuelo del mundo y la alegría de la Iglesia Católica y, por su medio, mi Hijo y yo recibiremos culto. Tú, hija mía, alcanzarás victoria del poder de Satanás, y tu Comunidad, perfección en servirme

          Me entregó la soberana Reina esta portentísima Imagen, este encanto de los Cielos y la Tierra, y empezó en el Cielo una celestial música entonando la Salve y otros sagrados cánticos; todos los cortesanos del Cielo se daban parabienes. La Santísima Trinidad la bendijo, igualmente la Santísima Virgen María y después todos los cortesanos del Cielo llegaron a adorar a su Reina y Señora en esta soberana y encantadora madre del Olvido. 


Sor María Isabel de Jesús, Vida admirable. pp. 48-53.

sábado, 12 de agosto de 2017

ANGELICAL SALUTACIÓN A NUESTRA SEÑORA de los devotos de Su Bendito Escapulario




ANGELICAL SALUTACIÓN
A NUESTRA SEÑORA 


1ª. Madre mía del Carmen, bendita seáis; los Ángeles, los Santos y los Justos os llenen de alabanzas, porque me habéis dado vuestro Bendito Escapulario.

   Dios te salve, María, llena eres de gracia etc.

2ª. Madre mía del Carmen, bendita seáis; los Serafines, los Santos y los Justos os llenen de alabanzas, porque con vuestro Bendito Escapulario sois salud de mi alma. 

   Dios te salve, María, etc.

3ª. Madre mía del Carmen, bendita seáis; los Tronos, los Santos y los Justos os llenen de alabanzas, porque con vuestro Bendito Escapulario me protegéis contra todos los peligros. 

   Dios te salve, María, etc.

4ª. Madre mía del Carmen, bendita seáis una y mil veces; las Dominaciones, los Santos y los Justos os llenen de alabanzas, porque con vuestro Bendito Escapulario me defendéis de las tentaciones del enemigo. 

   Dios te salve, María, etc.

5ª. Madre mía del Carmen y Reina de mi corazón, bendita seáis; los Querubines, los Santos y los Justos os llenen de alabanzas, porque con vuestro Escapulario sois la paz y la alegría de mi alma. 

   Dios te salve, María, etc.

6ª. Madre mía del Carmen, bendita seáis; los Arcángeles, y los Santos y los Justos os llenen de alabanzas, porque con vuestro Bendito Escapulario me habéis hecho especialísimo hijo vuestro. 

   Dios te salve, María, etc.

7ª. Madre mía, Madre de mi corazón y Reina de mi amor, os doy mi alma, mi vida, mi corazón, y quiero que os alaben las Virtudes y todas las criaturas, porque con vuestro Bendito Escapulario me habéis infundido la esperanza de que os veré en el Cielo.

   Dios te salve, María, etc.




viernes, 11 de agosto de 2017

SANTA FILOMENA, LA PRINCESA MÁRTIR


Historia de la vida de Santa Filomena
según las revelaciones a la Venerable Madre María Luisa de Jesús,
religiosa napolitana y que recibieron la aprobación de la Santa Sede
el 21 de Diciembre de 1883


     Yo soy la hija de un príncipe que gobernaba un pequeño estado de Grecia. Mi madre era también de la realeza. Ellos no tenían niños. Eran idolatras y continuamente ofrecían oraciones y sacrificios a sus dioses falsos. Un doctor de Roma llamado Publio, vivía en el palacio al servicio de mi padre. Este doctor había profesado el cristianismo. Viendo la aflicción de mis padres y por un impulso del Espíritu Santo les habló acerca de nuestra fe y les prometió orar por ellos, si consentían a bautizarse. La gracia que acompañaba sus palabras, iluminaron el entendimiento de mis padres y triunfó sobre su voluntad. Se hicieron cristianos y obtuvieron su esperado deseo de tener hijos.

     Al momento de nacer me pusieron el nombre de Lumena, en alusión a la luz de la fe, de la cual era fruto. El día de mi bautismo me llamaron Filumena, hija de la luz (filia luminis) porque en ese día había nacido a la fe. Mis padres me tenían gran cariño y siempre me tenían con ellos. Fue por eso que me llevaron a Roma, en un viaje que mi padre fue obligado a hacer debido a una guerra injusta.

     Yo tenía trece años. Cuando arribamos a la capital nos dirigimos al palacio del emperador y fuimos admitidos para una audiencia. Tan pronto como Diocleciano me vio fijo los ojos en mi.

     El emperador oyó toda la explicación del príncipe, mi padre. Cuando este acabó y no queriendo ser ya más molestado le dijo: "Yo pondré a tu disposición toda la fuerza de mi imperio. Yo solo deseo una cosa a cambio, que es la mano de tu hija". Mi padre deslumbrado con un honor que no esperaba, accede inmediatamente a la propuesta del emperador y cuando regresamos a nuestra casa, mi padre y mi madre hicieron todo lo posible para inducirme a que cediera a los deseos del emperador y los suyos. Yo lloraba y les decía: ¿Ustedes desean que por el amor de un hombre yo rompa la promesa que he hecho a Jesucristo? Mi virginidad le pertenece a Él y yo ya no puedo disponer de ella. Pero eres muy joven para ese tipo de compromiso -me decían- y juntaban las más terribles amenazas para hacerme que aceptara la mano del emperador.

     La gracia de Dios me hizo invencible. Mi padre no pudiendo hacer al emperador ceder y para deshacerse de la promesa que había hecho, fue obligado por Diocleciano a llevarme a su presencia.

     Antes tuve que soportar nuevos ataques de parte de mis padres hasta el punto, que de rodillas ante mi, imploraban con lágrimas en sus ojos, que tuviera piedad de ellos y de mi patria. Mi respuesta fue: No, no, Dios y el voto de virginidad que le he hecho, esta primero que ustedes y mi patria. Mi reino es el Cielo.

     Mis palabras los hacía desesperar y me llevaron ante la presencia del emperador, el cual hizo todo lo posible para ganarme con sus atractivas promesas y con sus amenazas, las cuales fueron inútiles. El se puso furioso e, influenciado por el demonio, me mandó a una de las cárceles del palacio donde fui encadenada. Pensando que la vergüenza y el dolor iban a debilitar el valor que mi Divino Esposo me había inspirado. Me venía a ver todos los días y soltaba mis cadenas para que pudiera comer la pequeña porción de pan y agua que recibía como alimento, y después renovaba sus ataques, que si no hubiera sido por la gracia de Dios no hubiera podido resistir.

     Yo no cesaba de encomendarme a Jesús y su Santísima Madre.

      Mi cautiverio duró treinta y siete días, y en el medio de una luz celestial, vi a María con su Divino Hijo en sus manos, la cual me dijo: "Hija, tres días más de prisión y después de cuarenta días, se acabará este estado de dolor." Las felices noticias hicieron mi corazón latir de gozo, pero como la Reina de los Ángeles había añadido, dejaría la prisión, para sostener un combate más terrible que los que ya había tenido. Pasé del gozo a una terrible angustia, que pensaba me mataría. Hija, ten valentía, dijo la Reina de los Cielos y me recordó mi nombre, el cual había recibido en mi Bautismo diciéndome: "Tu eres LUMENA, y tu Esposo es llamado Luz. No tengas miedo. Yo te ayudaré. En el momento del combate, la gracia vendrá para darte fuerza. El ángel Gabriel vendrá a socorrerte, Yo le recomendaré especialmente a él, tu cuidado".

     Las palabras de la Reina de las Vírgenes me dieron ánimo. La visión desapareció dejando la prisión llena de un perfume celestial.

     Lo que se me había anunciado, pronto se realizó. Diocleciano perdiendo todas sus esperanzas de hacerme cumplir la promesa de mi padre, tomó las decisión de torturarme públicamente y el primer tormento era ser flagelada. Ordenó que me quitaran mis vestidos, que fuera atada a una columna en presencia de un gran número de hombres de la corte, me hizo que me flagelaran con tal violencia, que mi cuerpo se bañó en sangre, y lucía como una sola herida abierta. El tirano pensando que me iba a desmayar y morir, me hizo arrastrar a la prisión para que muriera.

     Dos ángeles brillante con luz, se me aparecieron en la oscuridad y derramaron un bálsamo en mis heridas, restaurando en mi la fuerza, que no tenía antes de mi tortura. Cuando el emperador fue informado del cambio que en mi había ocurrido, me hizo llevar ante su presencia y trato de hacerme ver que mi sanación se la debía a Júpiter el cual deseaba que yo fuera la emperatriz de Roma. El espíritu Divino, al cual le debía la constancia en perseverar en la pureza, me llenó de luz y conocimiento, y a todas las pruebas que daba de la solidez de nuestra fe, ni el emperador ni su corte podían hallar respuesta.



   Entonces, el emperador frenético, ordenó que me enterraran, con un ancla atada al cuello en las aguas del río Tíber. La orden fue ejecutada inmediatamente, pero Dios permitió que no sucediera.

     En el momento en el cual iba a ser precipitada al río, dos ángeles vinieron en mi socorro, cortando la soga que estaba atada al ancla, la cual fue a parar al fondo del río, y me transportaron gentilmente a la vista de la multitud, a las orillas del río.

     El milagro logró que un gran número de espectadores se convirtieran al cristianismo.

     El emperador, alegando que el milagro se debía a la magia, me hizo arrastrar por las calles de Roma y ordenó que me fuera disparada una lluvia de flechas. Sangre brotó de todas las partes de mi cuerpo y ordenó que fuera llevada de nuevo a mi calabozo. El cielo me honró con un nuevo favor. Entré en un dulce sueño y cuando desperté estaba totalmente curada. El tirano lleno de rabia dijo: Que sea traspasada con flechas afiladas. Otra vez los arqueros doblaron sus arcos, cogieron toda sus fuerzas, pero las flechas se negaron a salir.

     El emperador estaba presente y se puso furioso y pensando que la acción del fuego podía romper el encanto, ordenó que se pusieran a calentar en el horno y que fueran dirigidas a mi corazón. El fue obedecido, pero las flechas, después de haber recorrido parte de la distancia, tomaron la dirección contraria y regresaron a herir a aquellos que la habían tirado. Seis de los arqueros murieron. Algunos de ellos renunciaron al paganismo y el pueblo empezó a dar testimonio público del poder de Dios que me había protegido. Esto enfureció al tirano. Este determinó apresurar mi muerte, ordenando que mi cabeza fuera cortada con un hacha.

     Entonces, mi alma voló hacia mi Divino Esposo, el cual me puso la corona del martirio y la palma de la virginidad.